domingo, 12 de enero de 2014

Salsas asiáticas, 1ª parte


Reutilizar tarros nunca ha sido tan cool


Hoy tenemos un post ecléptico, son salsas, son orientales, pero claro, considerando que oriente es todo lo que nos queda al este, pues podemos dar la vuelta al mundo y no terminar nunca.

Tonterías a parte, vamos a hablar de las más usadas por nosotros, que son : vinagre de arroz, soja, sake, teriyaki y salsa agridulce. Estas salsas en nuestras manos son una quimera cultural-gastronómica, pero aunque nuestros platos no tengan mucho sentido geográfico están muy buenos, y la verdad, eso es lo único que me importa.

Manos a la obra...

Vinagre de arroz: este vinagre se obtiene a partir de la fermentación del arroz (que sorpresa) y se usa en Japón como aderezo del arroz y de muchos platos. Su sabor es muchísimo más suave que el vinagre que usamos aquí y la verdad, para las mayonesas lo prefiero mil veces, les da un sabor espectacular.

Soja: se obtiene a partir de la fermentación de la soja (lo que estamos aprendiendo) y el trigo tostado. Y la culpa de que esté tan extendida por Asia la tienen los budistas que, con el rollo que se traían de no comer carne, la inventaron como sustituto de otro condimento obtenido de la fermentación de la carne, que era el que triunfaba en aquella época por China y alrededores (esto me recuerda a una cosa romana que llamaban garum
La cosa es que existen un montón de tipos de soja, pero de las pocas que he probado, mi favorita es la japonesa, y la que os recomiendo comprar.

Para consumirla, lo mejor es mezclarla con un poco de agua, para que su sabor no tape el de los productos con que la consumimos. Tres partes de soja y una de agua está bien, pero podéis suavizarla aun más mezclando soja y agua a partes iguales. Depende de vuestro gusto.

Sake: es una bebida alcohólica obtenida a partir del arroz. De origen japonés. En la cocina es una maravilla, porque además de darle sabor a la comida, tiene la particularidad de que se carameliza enseguida, y le da a los alimentos un color oscuro y un sabor espectacular.
Para beberlo a temperatura ambiente, como se supone que se tiene que beber, yo no se lo deseo ni a mi peor enemigo, pero claro, para gustos colores.

Teriyaki: consiste en adobar los alimentos en la salsa y después asarlos a la parrilla. Se hace mezclando mirin (como el sake pero más suave), azúcar, soja y sake. Las proporciones las podéis echar como prefiráis. Incluso podéis pervertir la salsa sustituyendo el sake o el mirin por otro alcohol, añadiendo zumo de naranja... os animo a que experimentéis porque salen cosas muy ricas. Y los puristas que se desabrochen el corsé.

Salsa agridulce: Me refiero a la rosa que ponen con cerdo en el restaurante chino. Porque agridulces hay muchas, pero esta la considero especialmente obscena. Cuando voy a un chino a comer comida no-china (que me encanta) siempre pido un poco más para ponerme cerda y mojar todas las cosa en ella. Es muy fácil de hacer: vinagre de arroz y azúcar a partes iguales y un par de cucharadas de salsa de tomate, se deja hervir hasta que está más o menos espesa y la puedes guardar en la nevera por los siglos de los siglos. La mezcla de vinagre y azúcar la hace casi incorruptible. 

Bueno, la verdad es que el tema es extenso, pero lo dejamos para otro día, que nos vamos a cenar.



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